martes, 17 de marzo de 2009

¿NUEVOS? TRENES EN FEVE


Aunque parezca mentira la unidad que se ve en la imagen es una de las que FEVE denomina nuevas y en realidad no es más que una remodelación de material existente. Las mejoras radican en el incremento de velocidad y en la fiabilidad del material, además de la decoración exterior.

En FEVE llevan circulando a una velocidad máxima de 80 km/h desde tiempo inmemorial. En mis primeros viajes a bordo de los automotores MAN ya se practicaba y es en pleno tercer milenio cuando algunos trenes en ciertos itinerarios se atreven con los 100 km/h, nada que ver con los trenes de vía métrica de Japón o Australia, que ya tienen una cierta experiencia en el tema.

Lo malo es que el tren por dentro es el que era, es decir, una unidad típica de cercanías casi tipo metro, cuyo confort es muy escaso, equipada con asientos casi idénticos a los que se usan en algunos trenes de cercanías de RENFE; lo malo es que en Asturias, Cantabria y País Vasco hay muchas curvas y no es tan sencillo mantener el equilibrio incluso con el culo en el asiento. En caso de accidente la ausencia de cabeceros puede provocar graves lesiones a los viajeros. En su momento los asientos de cercanías permitían hasta dormir y ahora hay que procurar que no se nos borre la raja del trasero con tanta dureza. Obviamente el presidente de la empresa viaja poco o nada a bordo de sus trenes. Colocar las piernas es toda una hazaña para no clavar las rodillas al viajero de enfrente.

En las líneas de cercanías de FEVE los trenes que tienen programada la parada en un apeadero se detienen aunque no haya viajeros que suban o bajen, lo que puede ser agobiante e irritante cuando en un viaje de una hora haya media docena de paradas tontas perfectamente evitables, con un consumo innecesario de combustible. Bastaría con un botón de parada solicitada igual que el que llevan los autobuses urbanos desde hace muchas décadas. Ya hay trenes semidirectos, que se agradecen pero que no llegan muy lejos.

Otra cosa molesta para los habituados a las tradiciones es que numerosos trenes circulan sin interventor, ya que el control de billetes se efectúa a la entrada y a la salida. La presencia de los revisores aporta seguridad y desde siempre ha sido generadora de confianza en los pasajeros. Los viajeros que se suben en estaciones sin personal ni máquinas de ventan de billetes no abonan el pasaje si se bajan en otra parada de las mismas características, más que nada porque no pueden. Si llegan a una estación con máquinas han de adquirir el billete para salir; basta con pagar la tarifa mínima aunque se hayan recorrido varias zonas.

Una de las mayores injusticias en FEVE es la aplicación de las tarifas, que son relativamente favorables en cercanías pero poco competitivas en trayectos regionales con el mismo número de kilómetros. Si un pasajero que viaja entre Santander y Oviedo paga el billete regional le sale mucho más caro que si adquiere por separado Santander-Torrelavega (cercanías), Torrelavega-Infiesto (regional) e Infiesto-Oviedo (cercanías), incluso a bordo del mismo tren, cosa que es como para denunciar al Defensor del Pueblo. Este fenómeno ocurre también en Portugal, con el resultado de que los viajeros que se dirigen a Porto compran billetes regionales hasta la primera estación de cercanías, donde vuelven a adquirir uno de los trenes urbanos de Porto.

Aprovecho para comentar que la línea León-Bilbao sigue con un único tren diario cuyas plazas están demasiado solicitadas y convendría volver a los 80 con sus dos servicios al día. Los tiempos de viaje son los de entonces.
O sea que de unidades nuevas nada de nada, maquillaje sobre un material de principios de los ochenta.

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