jueves, 25 de febrero de 2010

AUTOPISTAS DEL MAR. LA DISTANCIA MÁS CORTA ENTRE DOS PUERTOS.


En el mapa observamos los principales trayectos marítimos entre paises europeos. Se ve cómo el mar acorta distancias. Griegos y romanos lo saben desde hace milenios y siguen su tradición marítima.

Antes de que existieran aviones, coches y trenes ya había barcos y con ellos se descubrieron nuevos mundos que están en éste. Desde los tiempos de la vela a la actualidad, pasando por la época del vapor los navíos han comunicado a los pueblos y llevado sus mercancías por todos los continentes. Da igual que no sean tan rápidos como los aviones, porque su capacidad de carga es gigantesca y resultan imprescindibles. Lo mejor de todo es que el transporte marítimo resulta muy ecológico si lo comparamos con el resto. En un sólo barco de carga cabe una fila de cinco kilómetros de camiones. Si de personas hablamos, un ferry lleva tranquilamente a mil quinientas de un sólo viaje, con sus coches si hace falta.

El mar es ancho y la tierra estrecha. Lo que sobra en el océano es espacio. En la tierra hay poblaciones y accidentes geográficos que complican la construcción de infraestructuras que precisan de constante renovación y sufren un elevado desgaste. Para el transporte por barco sólo hacen falta puertos; la vía de comunicación la pone la naturaleza.

En este contexto se hace preciso que el mar salga al rescate de la carretera al igual que lo está haciendo el ferrocarril. Para construir un mundo más ecológico y sostenible hace falta que los gobiernos europeos desarrollen las llamadas autopistas del mar. Obviamente no se trata de que haya una carretera sobre la superficie del mar sino de articular los medios necesarios de forma que las mercancías dejen de circular por carretera en aquellos recorridos en los que la distancia más corta entre dos puntos sea la marítima.


En el barco de la foto, de la naviera Grimaldi, viajaron todos los vehículos que participaron en el rally Dakar celebrado en América del Sur.

El transporte por carretera está saturando cada vez más las actuales vías y en demasiadas ocasiones se producen colapsos porque se abusa del camión en recorridos que deberían hacerse por las autopistas del mar. La ruta del Mediterráneo por la costa de España, Francia e Italia sufre de congestión permanente y además está plagada de carísmos peajes. Otro de los problemas graves del transporte terrestre de mercancías es el de la seguridad, ya que los camioneros deben aguantar largas jornadas de trabajo con obligatorios descansos, lo que hace que se pierda el tiempo ganado. Combinando medios de transporte, el camionero que se sube a un barco tiene una noche entera para descansar en un camarote con baño y se despreocupa de la carga, que viaja segura; una vez en tierra retoma su trabajo en mucho mejores condiciones.

Existen tramos en los que es inevitable el transporte por barco pero también hay otros donde no se está aprovechando convenientemente la oportunidad que nos brinda el mar para reducir las emisiones contaminantes y descongestionar las carreteras. Un camión gasta tranquilamente 30 litros de gasoil a los 100 km y no suele transportar más allá de 20 toneladas. Un barco de carga lleva 12000 como si tal cosa, el equivalente a lo que cabría en unos 600 camiones con un gasto notoriamente más reducido por tonelada transportada.

Para que las autopistas del mar funcionen a pleno rendimiento es preciso el establecimiento de líneas regulares con salidas programadas y muy frecuentes, aprovechando principalmente la noche para ganar tiempo. No basta con que haya servicios sino que deberán estar organizados de tal forma que se simplifique al máximo el embarque y desembarque de contenedores y camiones en recorridos que acortan distancias. La Unión Europea considera que estas autopistas se desarrollarán en corredores en los que la distancia por carretera supera los 1000 km y en cambio se reduce a la mitad en barco. No se tarda más sino lo mismo o menos, pero con evidentes ventajas para todos.

Esperemos que en los próximos años se vayan consolidando estas iniciativas comunitarias que pretenden poner orden en el sector del transporte de mercancías. A los particulares que viajamos en coche nos beneficiaría la reducción del número de camiones que transitan por las autopistas y también tendremos muchas más facilidades para acceder a otros paises como pasajeros de barco con nuestro propio coche a bordo, caso de los trayectos desde España hacia Inglaterra e Italia. Los precios son competitivos y no hay límites de equipaje ni molestos trámites de seguridad como en los aeropuertos.

Las autopistas del mar acercarán a los pueblos europeos y a sus industrias contribuyendo a una política medioambiental auténticamente humanizada.

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