domingo, 28 de julio de 2013

CONDUCIENDO POR ITALIA

No son pocos los españoles que viajan a Italia con su propio coche o bien alquilan uno en destino. 

Más vale tener en cuenta algunos aspectos de las infraestructuras viarias antes de decidirse a conducir por territorio italiano y lo mismo ocurre con la idisosincrasia local al volante.

De mano tendremos en cuenta que hay un 50% más de italianos que de españoles y que su territorio es un tercio menor que el nuestro. Por lo tanto hay muchos italianos en poco sitio, la densidad de población es muy elevada y además el territorio resulta muy accidentado. Los que vivan en Bilbao igual no notan tanto la diferencia pero los de Cuenca seguro que sí.

Para empezar hay que tener en cuenta que las autopistas de peaje son el único medio seguro para llegar desde un punto a otro allí donde existen, ya que las alternativas por nacionales son inexistentes o inconvenientes, algo así como ir de Bilbao a San Sebastián por la antigua 634. Hay tramos gratuitos de autovías construidas por el estado, pero no abundan precisamente.

Mucho ojo porque las autopistas de pago pueden carecer de arcenes a ambos lados durante muchos kilómetros; una avería puede acarrear consecuencias muy graves porque no hay dónde dejar el coche y frecuentemente no podremos huir hacia ninguna parte ya que los tramos se componen de túneles seguidos de puentes y continuados por más túneles o precipicios. Lo más grave es que puedes entrar a la autopista por una incorporación y encontrarte con un STOP que te obligará a poner el coche de cero a cien en tiempo récord; muy a menuno el carril de incorporación tiene una longitud ridícula o también sirve para la salida, en plan ruleta rusa. Los carriles de salida a veces son tan diminutos que tienes que bajar de velocidad antes de tomarlos y retener a los coches que circulan detrás. No puedes bajar de 120 a 40 en 30 metros.

El concepto de circunvalación gratuita no es nada habitual y habremos de recurrir a la autopista de pago para cualquier desplazamiento. Las tarifas no son especialmente caras pero el gasoil sobrepasa fácilmente el euro con 70 céntimos.

Si bien en autopista no se detectan conducciones agresivas, todo cambia cuando entramos en las impresentables carreteras nacionales o de segundo orden. No se entiende que un país del primer mundo tenga una red de comunicaciones tan impresentable y en tan mal estado. A ello hay que añadir que la conducción italiana en zonas urbanas y rurales se parece más bien a un concurso de pilotaje, cosa que se les da muy bien aunque lo de conducir es otra cosa.

No es que en España se conduzca presisamente con elegancia y menos en ciertas ciudades que no voy a mencionar, pero en Italia lo que abunda en carretera es la mala leche y las líneas contínuas no significan absolutamente nada para muchos italianos. Por cierto que los pasos de peatones no suelen respetarse y es algo que da miedo porque son muchos los que aceleran para disuadir a los peatones, como se hace en Eslovaquia, Polonia y hasta los USA.

Conducir en Italia no es precisamente una experiencia agradable y menos aún cuando procedemos de Francia, con rutas muy bien señalizadas y conductores más pacientes. Personalmente recomiendo recurrir al transporte público siempre que se pueda y alquilar únicamente para los días imprescindiblemente necesarios.

En rutas rurales de regiones como la Toscana las carreteras son como las españolas de los años 70, con asfalto muy degradado, pintura irregular y casi ninguna variante que esquive los cascos urbanos. Da igual a qué velocidad vayas porque siempre habrá alguien detrás con mucha prisa por adelantar. En zonas urbanas las motos añaden más aventura a la conducción porque adelantan como les da la gana.

En general la impresión que uno se lleva es la de estar en el Portugal de los 80, con una anarquía generalizada en la carretera. No es que los italianos sean mala gente, sino que se ven obligados a luchar en una selva de tráfico dentro de un país con carreteras que no se merecen. No encuentro ninguna justificación pero los italianos no dudan en circular por dirección prohibida si no les ve nadie. Pueden entrar a una gasolinera por cualquier carril en lugar de hacerlo por el lado derecho de la marcha.

En ciudades y pueblos hay zonas reservadas únicamente para residentes y hay que evitar la entrada en ellas porque las multas son muy altas. Aparcar es todo un ejercicio de paciencia y los parkings de pago tienen tarifas de pago por horas completas, lo que hace que 70 minutos cuesten lo mismo que 120.

La autopista Ventimiglia-Génova merece un capítulo aparte y uno desearía circular arriba y abajo por la autopista asturleonesa del Huerna o por la A-8 entre Bilbao y San Sebastián. La orografía no ha dejado mucho margen a la infraestructura y la obra impacta a propios y extraños, con el agravante de que las salidas o te dejan a 8 kilómetros de la población o las casetas del peaje se hallan en plena calle del pueblo, a 100 metros de la salida, cosa que ocurre en Ermua.

No creo que vuelva a conducir en Italia a no ser que me quede más remedio.

1 comentario:

Toni dijo...

Otra vez totalmente de acuerdo. Asustado vine de como conducen de mal y de peligroso los italianos. Y lo que dices de las carreteras toscanas, totalmente cierto. Estuve allí con coche 2 semanas hace 4 años.

Y otro horror es el tramo de autopista desde la frontera hasta Toscana. Unas autopistas muy antiguas y peligrosas. Encima pagando...